'Fixing my gaze' (Fijar la mirada)

Posted by Póstumo On martes, 28 de junio de 2011 0 comentarios




Un alto porcentaje de niños tiene problemas de visión no diagnosticados y casi la mitad sufre algún tipo de dificultad relacionada con ella, unas deficiencias que por otra parte están a día de hoy subestimadas: las pruebas convencionales de una evaluación optométrica suelen analizar el comportamiento estático de cada ojo por separado sin tener en cuenta que ambos deben trabajar al unísono ni que, además, los niños (e incluso los adultos) tienen dificultades para verbalizar las alteraciones que perciben mientras se someten a la prueba.

Fixing my gaze es una excelente herramienta para todos los profesionales interesados en el campo de la neurorehabilitación, y una apasionante lectura para padres, educadores y otros especialistas que trabajan con personas que sufren alguna alteración de su percepción visual.


Cuando era pequeña, la neuróloga Susan R. Barry —autora del libro— sufría de estrabismo y además no podía percibir el efecto de profundidad de los objetos (stereo-blindness), ni siquiera después de haberse sometido a varios procedimientos quirúrgicos para intentar corregir su defecto visual.
«Cuando mis ojos miraban las líneas de cualquier página —narra la Dra. Barry—, no lograba que las letras se quedaran fijas, y cuanto más pequeño fuera el texto, peor. Recuerdo que, cuando estaba aprendiendo a leer, mi ojo derecho “veia” las letras situadas más a la izquierda (es decir, justo por delante en la línea de texto) de las letras registradas por el ojo izquierdo; y no era capaz de fusionar ambas imágenes en una impresión simultánea sino que las dos se alternaban sucesivamente. Por eso, y a pesar de no ser disléxica, recuerdo claramente que en primaria me costaba distinguir de un primer vistazo sol de los».

Tras un largo peregrinar por los circuitos clínicos de la cirugía convencional y después de ineficaces tratamientos farmacológicos, la Dra. Barry no sólo no mejoraba sino que cada vez veía peor. Como profesora de neurobiología, había leído multitud de publicaciones que no auguraban nada bueno: todos los expertos coincidían en que ese tipo de anomalías en la transmisión de las señales entre el ojo y cerebro sólo se podían atajar en la infancia, y que después era demasiado tarde. Fue entonces cuando una optometrista comportamental, la Dra. Theresa Ruggiero, le habló de unas técnicas de terapia visual que podían ser efectivas para casos como el suyo.



Después de algunas sesiones de entrenamiento, de repente un día sucedió algo: estaba conduciendo cuando en un semáforo advirtió que el volante de su coche “emergía” hacia ella desde el salpicadero. Esa primera experiencia de visión estereoscópica fue “maravillosa". Y luego vendrían otras: la primera nevada en tres dimensiones en invierno o la caída de la hoja en otoño: ya no veía únicamente copos u hojas cayendo sobre un fondo plano, sino también, y sobre todo, el espacio que había entre ellos. Ya no solo veía nevar sino que se sentía dentro de la nevada.
«¿“Sin relieve”? ¿Tenía yo vista “sin relieve”? Miré a mi alrededor. El aula no me parecía totalmente sin relieve. Yo sabía que el estudiante sentado enfrente de mí estaba situado entre la pizarra y yo porque me tapaba parte de la pizarra. Si miraba por la ventana, yo sabía qué árboles estaban más lejos porque se veían más pequeños que los que estaban más cerca. Y el sendero que partía desde el edificio se estrechaba a medida que se perdía en la distancia.

Yo sabía que el mundo estaba hecho en 3D. Sin embargo, mi profesor sugirió otra manera diferente de ver el espacio y la profundidad: la estereopsis. Yo no tenía ni idea de a qué se estaba refiriendo».

El 12 de junio Eduardo Punset entrevistó a la doctora Barry para el programa de divulgación científica Redes, de Radio Televisión Española. En el blog del programa se recogen el vídeo de la emisión, la transcripción completa traducida del coloquio y los comentarios de los espectadores.


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